lunes, 20 de julio de 2015

Canalladas

 El PP juega a un juego en el que manda, porque tiene las cartas marcadas. Controlar, más o menos directamente, la gran mayoría de los medios de comunicación en España, les permite hacer, prácticamente, lo que sea, que la gente, cuando reciba la información, será capaz de diferenciar, dos casos exactamente iguales (incluso algunos peores con protagonistas Populares) y disculpar las actitudes delictivas de unos, mientras crucifica a los otros.

 El alcalde de Villares de Saz (en Cuenca), ha llamado a "puta barata" (ver aquí), a una portavoz socialista. El "señor"ha sido expedientado. Eso sí, el PP ha pasado de puntillas sobre la situación, con excepción de Cristina Cifuentes (mala cosa si esta señora es la única política conservadora relevante que sale ofuscada por las palabras de su paisano), nadie ha dicho lo suficiente, máxime, si tenemos en cuenta el batiburrillo que se formó por los famosos chistes del fugaz ex concejal de Ahora Madrid, el señor Zapata.

 Además, poco antes, en el nombramiento de un senador de Podemos, la bancada Popular profirió gritos y pitos contra un político cuyo "crimen" había sido anunciar que pretende devolver el Gobierno al Pueblo, y gobernar, por añadidura, para éste. El PP, que no soporta que nadie ponga en duda su patriotismo y lucha por las clases sociales, sean éstas del origen que sean, reacciona como un perro cabreado cuando le viene en gana, o con el mayor desdén posible, cuando la ocasión la pintan calva. Sea como fuere, no utilizan para sí, la misma vara con la que miden a los otros, en el presuntuoso sentido de que estiman que ellos, están, no por encima, sino muy por encima de estos berenjenales terrenales, de los que sólo saben sacar rédito político cuando afecta a otros.


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