Las televisiones autonómicas nacen con el afán de servir de instrumento público, de divulgación de valores regionales y orientados a prestar un servicio al ciudadano de información y de propagación de la cultura.
Como buena entidad pública española, pronto se convirtieron (algunas ya nacieron así) en un instrumento animado al servicio del jerarca de turno. Los partidos políticos han vaciado de contenido los principios esenciales de estos medios de comunicación, para convertirlos, sin miramientos, en herramientas de propaganda. Durante todo este tiempo, los trabajadores de las diferentes emisoras han callado pese al reiterado mangoneo, a la arbitrariedad más absurda y a no cumplir con unos requisitos mínimos de objetividad (cuan importante es el derecho a la información (a su divulgación por cualquier medio)) que incluso la Jurisprudencia del Alto Tribunal ha protegido como principio esencial al que tenemos derecho todos los españoles.
En época de vacas flacas, asistimos al descenso de las partidas presupuestarias, al cierre definitivo,... en resumen, a la desaparición de los entes públicos, y es ahora, y solo ahora, cuando cientos de trabajadores que irán a la calle, salen a luchar por sus derechos como empleados. Es cierto que en la mayoría de los casos, estos medios de comunicación han sido gestionados de la peor de las maneras, pero no es menor cierto que un modelo tan politizado de hacer periodismo tenía y tiene, una fecha de caducidad previsible.
Se me viene a la mente que, personas como las empleadas en Canal 9 (Valencia), ahora montan el pollo por verse en la calle, pero es que me cuesta creer que no fueran capaces de prever, ellos, avezados miembros del noble periodismo (y los que no, los que formaban parte sin más del aparato administrativo) que la situación derivaría en estos derroteros, pues lo previmos los legos en la materia...Con más razón debieron de hacerlo ellos.Mientras eran mangoneados, ninguneados como periodistas, obligados a acometer empresas de interés particular (obviando el general) y a no ser más que un elemento del estamento propagandístico, no defendieron su derecho a prestar y divulgar objetiva información (con la multiplicada obligación por ser un servicio público) y se limitaron a cumplir con su jornada de trabajo. Vaya por delante que apoyo la necesidad de contar con una televisión pública, y de que ésta cumpla una misión como aquella, casi ideal, propuesta al principio, pero de aquellos barros, estos lodos.