Siria sufre en sus carnes un conflicto civil que comenzó en el año 2011, grupos de milicias rebeldes se levantaron en armas contra el régimen quasi autocrático de Bashar Al-Assad. Durante dos años, la Comunidad Internacional ha decidido mirar para otro lado, coadyuvando a que la situación llegue al colapso total en la que se encuentra ahora. Lo peor, quizás, no haya hecho más que comenzar, ahora, con la duda de posibles ataques con armas químicas, diferentes potencias ha entendido apropiado hacerse ver en la zona.
La complejidad de la región
Siria se erige como una de las grandes repúblicas islámicas, sempiterna enemiga de Israel, no hay que echar muy atrás la vista para encontrar enfrentamientos entre las dos naciones, que no han escondido en ningún momento, una animadversión mutua. Israel moviliza a parte de sus reservistas y sitúa su columna de misiles Patriots en las fronteras para repeler posibles ataques procedentes de las comunidades musulmanas de alrededor. Por su parte, Irán siempre se ha postulado del lado sirio, dejando entrever que responderán con fuerza a cualquier ataque perpetrado contra la soberanía del país de Al-Assad.
A ésto habremos de añadir las continuas amenazas procedentes del Líbano por parte de Hezbolá (milicia chií de considerable potencial) y de un número indeterminado de milicias apoyadas económica y militarmente por el régimen iraní.
Para poder medir la magnitud del problema, podríamos representarnos gráficamente un charco repleto de gasolina y un niño jugando con un mechero justo a su lado...Cuando la llama prenda, en el momento menos oportuno, podría producirse duna reacción en cadena que terminaría, seguro, de manera catastrófica.
El suroeste asiático además supone el epicentro de la enésima Guerra fría. Los bloques occidental y oriental han ocupado, de diferente manera, la región. China ha ido avanzando en la colonización industrial y comercial de la zona, en especial, de Siria, mientras, Rusia, obtiene pingües beneficios de la comercialización de gas. A lo que habremos de sumar que, la gran base militar rusa, fuera de sus propias fronteras, se encuentra en Siria, un país que le permite acceder al Mediterráneo...
Siria, un grave problema
La habitual multiplicidad de etnias de origen musulman, se convierte en la antigua Aram, en uno de los pilares del conflicto. Alauitas, chiíes, suníes, más la presencia de comunidades kurdas, asirias o turcas, con diferentes cuotas de poder, juegan en contra de hallar un consenso para las grandes decisiones del país, así como para enfrentar la tiranía establecida por una familia que se ha adueñado del Estado.
El conflicto sirio ha provocado en sólo dos años un total de 100.000 muertos; de todos, parece que los que más llaman la atención, son los últimos cientos, fallecidos tras la posible intervención de uno de los familiares de turno (un mando del ejército con extensa lista de actos sanguinarios), cuya decisión unilateral pudo llevar a la utilización de material químico para esquilmar la resistencia rebelde.
Existen cerca de dos millones de refugiados sirios en los países fronterizos, de los que casi el 90% se encuentran en el Líbano, Turquía (reconvertido en una de las potencias que pretende pasarse por alto la legalidad internacional e intervenir en el país sirio) y Jordania. Además, de los cerca de 22 millones de personas que forman la nación, cuatro, están en situación de desplazamiento.
Un problema social se agranda cuanto mayor es la fracción entre las diferentes comunidades que conforman la nación. La diversidad étnica siria, unida a una delicada situación económica (gobernante de turno con exceso de poder y beneficio), hacen que, la solución al problema, sea, a priori, mucho más complicada. Siria es, según el Banco Mundial y el informa CIA (World Factbook) una de las economías más débiles del mundo, con un PIB casi doce veces menor al español.
La intervención internacional
La famosa línea roja se ha traspasado el pasado 21 de agosto, los rebeldes sirios denunciaron un ataque con armamento químico por parte del gobierno. Para poder atestiguarlo, se han encargado de recopilar documentación de todo tipo que han presentado a los inspectores de las Naciones Unidas destacados en Damasco por mandato del Consejo de Seguridad.
Hasta no terminar la tarea de inspección, la ONU ha decidido no intervenir de ninguna de las maneras en el conflicto sirio. Por el contrario, y saltando por encima del organismo internacional, una coalición de países, formada, principalmente, por Estados Unidos, Francia, Inglaterra y la propia Turquía, pretenden, pese al supuesto "cansancio de la guerra" proclamado por Obama, intervenir de manera perentoria en el pequeño país para, a juicio de los diferentes portavoces, castigar una acción que está penalizada, por derivación, del incumplimiento de los acuerdos adoptados en el Convenio Internacional sobre Armas Químicas (que entró en vigor en los últimos años de la década de los noventa). Sea como fuere, parece ésta la única convención en la que se apoya una intervención bélica sobre el país de los Assad.
Estados Unidos parece querer recobrar cierto poder, en una zona en la que lo ha cedido en las dos últimas décadas, consecuencia de los conflictos armados que han iniciado en territorios cercanos (Irák en dos ocasiones, Afganistán,...). La pérdida de popularidad occidental se ha enfrentado a la consolidación del poder comercial ruso y la creciente economía china.
¿Hacía dónde se dirigen los caminos?
Antaño, la expresión "Todos los caminos llevan a Roma" se convierte en "todos los caminos conducen a la guerra". Anunciada la intervención, a pesar de no contar con el apoyo del Consejo de Seguridad (las naciones participantes pretenden evitar el veto que anuncian Rusia y China) ni, en ocasiones, de las propias ciudadanías (caso del Reino Unido y las propuestas ambiguas de Cameron), los caminos se entrecruzan en un punto de no retorno. Estados Unidos, pretende retomar por la fuerza lo que por política ha perdido, China quiere seguir expandiendo su poderío económico, y para ello, necesita de enclaves como el país sirio (punto de acceso al Mediterráneo de los negocios instalados ya en la zona norte y este sirio), Rusia no puede permitirse ceder su posición militar ni el peso que tiene en el comercio de gas de la región.
Las primeras reacciones del lado oriental a las bravuconadas del bloque americano-europeo, ha sido reacias a iniciar un combate entre bloques. Rusia, descarta la guerra, pero pide a los estadounidenses que mediten la relevancia de entrar en un país ajeno pasando de largo sobre los órganos internacionales con competencia en el caso.
China, primeramente, se mostró indiferente, pero su postura tiende a formar un bloque de oposición clara, estableciendo como necesaria, la intervención de los inspectores de las Naciones Unidas y un veredicto favorable a la entrada en Siria para proteger a la población civil por parte del Consejo de Seguridad. Sea como fuere, no parece que el camino haya llegado aún a la intersección en la que no haya retorno. Obama ha manifestado su hartazgo por situaciones bélicas, Cameron no cuenta con el apoyo de casi nadie, Hollande pierde la tan buscada popularidad política al hablar de problemas ajenos, ... Y mientras tanto, sigue desangrándose un país que necesita de una intervención realizada con arreglo a las normas internacionales, cuyo único objetivo, pudiera ser, acaso, el derrocamiento de un régimen que hostiga a una población ya suficientemente castigada.
¿Cómo poder llegar a ese objetivo sin violar la legalidad del ordenamiento jurídico internacional?, cada pueblo es dueño de su destino, posiblemente,pues, la resolución tenga que salir de dentro de las fronteras del diminuto país. Como quiera que ésto parece poco probable, la Comunidad Internacional ha de instar, en el mejor de los casos, a una suerte de referéndum vinculante por el cual, la población pueda elegir si acceder a una democracia real, que deje en el olvido el extraño feudalismo familiar existente.
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