Corren días en los que las mentes andan saturadas, quizás por eso y por lo que nos venía de atrás, hemos decidido abandonarnos a la información sencilla. Nos valen titulares, nos contentamos con tweets y con buscar el conocimiento en cualquiera que nos escriba o hable como si de veras supiera... sobre casi cualquier tema.
Tenemos, sin duda, mucho que aprender, tantísimo que quizás no pasaríamos de Primaria en cuestiones de vivir en una sociedad en la que la información es sesgada, a menudo pura opinión, tergiversada y cada vez más "simple". Nos presentan noticias en 200 caracteres y se entremezcla la voluntad de informar con la de explicarte qué y cómo has de pensar. No ayuda mucho que los cánones del periodismo hayan ido cayendo hasta el extremo de no contrastar bulos, mentiras hechas párrafos o no oponerse al personaje de turno que diga casi cualquier cosa.
Con el auge de las RRSS se han ampliado las redes de bulos, no cabe duda, hay quien los utiliza con tanta frecuencia que, a menudo, cuesta discernir cuando habla con sentido y cuando la única voluntad es el aplauso de la parroquia que le sigue. Es cierto que buena parte de los protagonistas en RRSS no son periodistas como tal, algunos llegan a ser personajes públicos a duras penas, a través precisamente de robar a la comunicación su mayor sentido, al menos en hechos objetivos que no deberían admitir tanta matización como se pretende. En esto, tenemos un grave problema con la aparición de órganos del Estado (los partidos políticos lo son) cuyo corte, populista, casa precisamente con este tipo de mantras, la verdad no es la que es sino la que uno interpreta como cierta.
En EEUU, ya antes de Trump y con la aparición de los "deepfakes" (montajes ciertamente extraordinarios de personas con un mensaje que no se correspondía realmente con lo que decían o querían decir) se decidió legislar contra este tipo de "información", quedan prohibidos un tiempo antes de las elecciones a la República para que las convicciones de los votantes no se vean alteradas por "memes" o "fake news". Si en España nos tomásemos más en serio este tipo de cuestiones, probablemente haríamos algo parecido, aunque como estamos en una continua campaña electoral, quizás lo mejor sería prohibirlas siempre, pero nuestra legislación prima un derecho a la información, sea esta más o menos veraz (el mandato constitucional es claro pero la Jurisprudencia ha abierto tanta brechas que en estas estamos).
Vox, partido populista de extrema derecha, hace de estas maneras las suyas. El número de miembros de este partido pillados compartiendo bulos, reconociéndolos pero manteniéndolos como ciertos, es asombroso. Tanto que, en su corta vida, reúne en sus vitrinas probablemente el dudoso honor de ser la formación que más y mejor se ha aprovechado de las mentiras en Red de redes. En los últimos tiempos, hay periodistas que arrastran condenas por faltar a la verdad, como Javier Negre, que se han convertido en iconos de este tipo de formaciones, que no buscan la verdad en sí misma, sino la verdad mediática, la suya, correctamente manipulada para ser la que quieren vender, como si de una mercancía se tratase, para justificar "razonamientos" y "fundamentos" en base a unas falacias reconvertidas en premisas.
Pero estas cuestiones del auge y triunfo de los bulos y la mentira mediática tiene un responsable, o unos corresponsables. La sociedad que permite que este despropósito se normalice tiene una cuota en la culpa de su triunfo. Podríamos buscar muchas razones, sesgos académicos (en Murcia, donde Vox obtiene una representación de 3 diputados, el abandono escolar es del 24%; en Madrid (con un 14% de abandono) obtiene 7 y en Andalucía, con un 22%, hasta doce, sin embargo, entre las cuatro CCAA con menos abandono, la formación populista obtiene un escaño) Comunidades con más abandono 2019, podríamos seguir un sesgo "de rentas" Desempleo y nos encontraríamos con más o menos los mismos resultados,... El resultado de razonar un tanto al respecto, nos vendría a convenir con Payne o Preston acerca de la aparición del populismo moderno, de las formaciones fascistas (cuyo auge se produce en el periodo de entre guerras Mundiales en el siglo XX), hechos lo suficientemente similares como para creer que en las etapas modernas, determinadas formaciones hayan utilizado la simpleza de una frase para captar la voluntad de las personas que, en general, buscan y desean un cambio de lo que viven hoy.
Europa vivió su mejor momento, cada uno de los Estados miembros de lo que hoy es la Unión Europea, a partir de la década de los 60 del siglo pasado, momento en el que la socialdemocracia quedaba instaurada en la mayor parte de los países que hoy destacan en sus niveles de vida, pero en cambio, el período que va de 1890 a, aproximadamente, 1950, suponen y vislumbran la oscuridad más reciente de nuestro continente. Esta etapa, aparte del auge del nazismo, conoció de una amplia distribución por Europa de dictaduras de corte fascista (herederas de alguna u otra manera del régimen de Mussolini): España, Portugal, Polonia, Rumanía, Hungría (aunque cayeran después bajo el "manto" del comunismo ruso), Croacia,... Coincidió, en todo caso, con una etapa económica sólo "protegida" por el New Deal estadounidense, pero repleta de desastres, los cuales culminaron con la Segunda Guerra mundial. Solo la llegada de la democracia y de los Estados sociales, de Derecho, revertieron la situación, la creación de órganos supranacionales como la Sociedad de Naciones, los espacios comunes europeos que dieron lugar a la CEE (hoy UE) y al aumento de las rentas, de los PIB, mayor protección social,...
La medios de información de masas han aumentado mucho, muchísimo, desde 1920, hoy, de hecho, si quisiéramos reducirlo en el espacio temporal, en 2013, un 72% de los españoles usaba radio y televisión para informarse (¿Cómo se informan los españoles?), hoy, una media del 20% de españoles (y europeos) utiliza blogs y redes sociales (La información en España y Europa) como método habitual para enterarse del mundo que les rodea... con lo que ya nos queda una situación particular, el 20%, o dos de cada diez, ya no precisan de un medio de comunicación formado por periodistas con un código deontológico que cumplir, a veces, falsa apariencia de cumplimiento del deber de contrastar la información.
La pregunta al aire sería, ¿estamos dispuestos a invertir más tiempo en informarnos correctamente? ¿En contrastar lo que leemos y nos parece dudoso, discutible o sorprendente?. Con Internet tenemos a nuestro alcance información de todo tipo, fuentes más creíbles que otras, formas de aprender a interpretar los hechos,... Para esta labor, además, se han creado páginas como Maldito Bulo, dedicadas a desmentir lo que no haya sido probado como cierto y formada por internautas que necesitan conocer la realidad tal y como es.
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