En Gran Bretaña se lo piensan y Europa mira de soslayo.En un artículo publicado hoy en tierras inglesas,el Primer Ministro,David Cameron se pregunta si es necesaria la celebración de un referéndum que cuestione sobre la integración del Reino Unido en la Unión Europea.
Aunque la consulta popular fuera hecha,dice Cameron que no hay por qué replantearse la colaboración sajona en el continente,pero sí sopesar, si lo que nació como un acuerdo común en materia de tráfico comercial ha dejado paso a una senda de cesión de la soberanía política del pueblo inglés,que mira con cierto escepticismo las maniobras del continente.
Obviamente,el Reino Unido necesitará,en caso de llegar a producirse,de toda la maquinaria de información,no sea que la decisión,de ser vinculante,fuera a acarrear consecuencias de impredecible destino.No en vano,el ambiente político quedaría muy enrarecido si una de las principales potencias de la Unión se replanteara su papel dentro de la misma.Probablemente,el efecto en el tráfico económico sería casi inmediato (toda vez que las otras maquinarias de propaganda levantarían mil y una suspicacias sobre las aviesas intenciones bretonas) y el juego de naipes en el que se ha convertido la Alta Política continental sufriría el abandono inglés como un serio varapalo a las ambiciones de crear un único y gran Estado europeo.
Si bien Cameron sólo se pregunta de su oportunidad,el referéndum supondría un antes y un después en el concepto pre-fabricado de las Comunidades Europeas,cuya marcha a trompicones,tendría un nuevo capítulo que haría necesario una refundación de la estructura desde otros parámetros.
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