España tiene la curiosa costumbre de valorar los actos de cada uno según el origen social de quien los realiza.Así,es habitual que un obrero de clase media-baja sea culpado de alborotador (y cosas peores) si se manifiesta en pro de sus derechos laborales,pero un particular que lo haga,perteneciendo a clases más bien pudientes,exigiendo la confesionalidad del Estado,no es más que un señor proclamando su libertad de expresión.
Del mismo modo,un ciudadano de a pie que evada impuestos,es,en resumen,un miserable evasor,sin necesidad de juicio ni condena.Por su parte,si el sujeto en cuestión que tiene a mal ejecutar dicho acto,es miembro de una formación política y como tal ejerce un cargo en la Administración,no será más que ladrón cuando la Justicia lo dictamine así,para lo cual,amén de imputación al efecto,habrán de sumarse años y procesos inacabables que harán caer en el olvido,tanto el delito como a la persona.
En la natural ignorancia que le persigue,el Pueblo español sigue atendiendo para su ciencia a los medios de comunicación.La Verdad absoluta,lejos de guardarse en ensayos y estudios de expertos en cada uno de los campos del conocimiento,se esconde de la realidad en las páginas que cada día,lanzan al mercado los diarios y otros medios de comunicación afines,que,no olvidemos,actúan como focos del interés de grupos oligárquicos establecidos hace mucho y que no buscan informar,en la extensión de la palabra,sino seleccionar lo que ha de llegar al gran público...Para así utilizar tal acto con beneficio propio.
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