No entienden algunos miembros de nuestra patética clase política que la justicia es un término que emana del Pueblo,que en último término regula las relaciones entre iguales (y todos lo somos) y procura siempre el predominio del interés general.
No puede darse el caso de una justicia que beneficie a unos pocos en detrimento de la conservación de un sistema de valores humanistas que establecen unas mejores condiciones de convivencia.Es por eso que la cara se desencaja cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid pretende interrogar sobre la conveniencia o no,de sostener en el sistema jurídico al Tribunal Constitucional toda vez que el Alto Tribunal ha decidido sobre la legalidad de Sortu (una fuerza política a la que por su condición de vasca y socialista se la ve como el horror personificado).La justicia no es algo que cambie de un día para otro (no debería al menos) ni al antojo del particular de turno (para eso existen otras premisas).
Tampoco entiende de justicia el señor Fabra.Toda vez que nos ha logrado convencer de que es el centro de la Fortuna universal,con tantos premios de lotería como Óscars tiene Clint Eastwood,el señor Fabra se sienta ante el juez con numerosos delitos ante sí que no han de hacernos olvidar otros tantos que ya han prescrito...¿Cómo conciliar la idea de que la justicia es igual para todos,universal por defecto?,difícil hacerlo cuando los ejemplos se suceden con tanta continuidad.
Surge un nuevo concepto de justicia,en definitiva,en el que no se representa con un bien inalienable a todos los hombres,sino en un entramado de acciones e interpretaciones que,en última instancia,juega el papel de perpetuar en el poder a los que ya lo tienen de manera que los que no lo poseen (al menos de manera individual y determinada) no puedan aspirar a obtener la ración que les correspondería.
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