Cada vez se hace más importante la necesidad de tomarnos en serio el desgaste que sufre nuestro planeta por la mano del Hombre.De manera directa o indirecta,el ser humano es causa de muchos de los cambios a nivel fisiológico de la Tierra;el aumento de las temperaturas (inusualmente brusco),la cantidad de CO2 en valores especialmente altos,diferentes gases tóxicos en volúmenes superiores a los registrados nunca antes,...
Y así un largo etcétera cuyo círculo se cierra con la escasa voluntad de las naciones de firmar un acuerdo que apueste decididamente por un modelo diferente de crecimiento,de sostenibilidad y desarrollo.El Protocolo de Kioto fue el principal amago de compromiso medioambiental del mundo contemporáneo,pero vistos los resultados obtenidos,ha sido un fracaso,uno además adornado por las endebles cifras que muestran algunas potencias de nimios descensos en la expulsión de determinados contaminantes.
Escribía James Lovelock hace ya muchos años su teoría sobre Gaia,el gran organismo vivo que es la Tierra,cuya fisonomía se está viendo gravemente alterada por el curso de la historia de la especie humana,aduciendo que como organismo vivo,el planeta tenía una fecha de caducidad,y como aquel,una forma de vida alejada de la salud,provocaría su fallecimiento con prontitud,del Hombre depende,en cierta medida,como parte de ese organismo,alargar o acortar los años venideros.
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